¿Cómo evitar las complicaciones de una operación de cadera?

cadera

Podemos definir la operación de cadera como uno de los adelantos quirúrgicos más reseñables del siglo pasado. Se trata de un procedimiento bastante seguro, siempre y cuando se tomen las precauciones necesarias.

La artroplastia de cadera, desde el punto de vista técnico, generalmente se puede implantar a todos los pacientes que realmente la necesiten. Otra cosa es el estado general del paciente y las enfermedades asociadas que presente que puedan suponer un riesgo vital, así como la edad.

¿Qué riesgos existen ante una operación de cadera?

En caso de que surjan complicaciones, éstas se deben habitualmente a tres causas:

  • al estado general del paciente
  • a los implantes utilizados y su colocación
  • a la técnica quirúrgica empleada por el cirujano

Las complicaciones más habituales que se pueden presentar son:

  • la luxación o dislocación
  • la infección
  • las trombosis venosas profundas

Existen, además, otros riesgos, como las lesiones vasculonerviosas o fracturas intraoperatorias que pueden depender de factores variados.

¿Cómo evitar las complicaciones de una operación de cadera?

Los métodos más efectivos para evitar todo tipo de complicaciones son la correcta colocación de los implantes, la prevención de infecciones mediante antibióticos preoperatorios, identificación de focos o programas de descolonización y la profilaxis de la enfermedad tromboembólica, con los distintos tipos de heparinas y la movilización temprana del paciente.

Teniendo en cuenta este conjunto de técnicas y recomendaciones, la operación de cadera se puede definir como un procedimiento cada vez más seguro.

¿Por qué se puede producir un rechazo?

Habitualmente, el rechazo de la prótesis de cadera se debe a una infección. Los gérmenes se acantonan entre el implante y el hueso, impidiendo la osteointegración.

Determinadas patologías previas del paciente, como la obesidad, la diabetes, la artritis reumatoide, etc., pueden suponer un riesgo mayor de infección y, por lo tanto, de rechazo, aunque cada caso ha de ser valorado por el especialista de forma personalizada.

En caso de que el aflojamiento no sea de origen infeccioso, puede ser debido a la calidad del implante, a la colocación o bien al estado del hueso del paciente.