Lorena Aránzazu R Rabanal • 11 de enero de 2026

Cómo el estrés y la salud ocupacional impactan la postura y el sistema musculoesquelético

El estrés laboral se ha convertido en uno de los factores más influyentes —y a menudo infravalorados— en el desarrollo de alteraciones posturales y trastornos del sistema musculoesquelético. Jornadas prolongadas, presión constante, multitarea y falta de pausas adecuadas generan una respuesta física en el cuerpo que va mucho más allá del cansancio mental. Cuando el estrés se mantiene en el tiempo, el organismo activa mecanismos de defensa que provocan un aumento del tono muscular, especialmente en cuello, hombros, zona dorsal y lumbar.


Esta tensión sostenida altera la postura de forma progresiva, favoreciendo desequilibrios musculares, rigidez articular y sobrecargas que pueden derivar en dolor crónico, contracturas recurrentes e incluso lesiones más complejas. En entornos laborales sedentarios, como oficinas o puestos administrativos, estos efectos se ven amplificados por posturas estáticas mantenidas durante horas y por una ergonomía inadecuada.


La relación entre estrés, postura y dolor musculoesquelético

Desde un punto de vista biomecánico, el estrés influye directamente en la forma en la que el cuerpo se posiciona y se mueve. La activación constante del sistema nervioso simpático genera patrones posturales defensivos: hombros elevados, cabeza adelantada, curvatura excesiva de la espalda y disminución de la movilidad articular. Estas adaptaciones, aunque inicialmente inconscientes, modifican la alineación corporal y aumentan la carga sobre músculos y articulaciones.


Además, el estrés reduce la capacidad del cuerpo para recuperarse correctamente. La falta de descanso, el sueño de mala calidad y la ausencia de pausas activas impiden que los tejidos musculares se regeneren, favoreciendo la aparición de dolor persistente. En este contexto, problemas como cervicalgias, dorsalgias, lumbalgias o molestias en extremidades superiores no deben abordarse únicamente desde un enfoque físico, sino también considerando los factores psicosociales del entorno laboral.


Estrategias de prevención desde la salud ocupacional

La salud ocupacional juega un papel clave en la prevención de estos trastornos. La evaluación ergonómica del puesto de trabajo, la correcta adaptación del mobiliario y la promoción de hábitos saludables son medidas fundamentales para reducir el impacto del estrés en el sistema musculoesquelético. Incorporar pausas activas, ejercicios de movilidad y técnicas de respiración ayuda a disminuir la tensión acumulada y mejora la conciencia postural.


Asimismo, es esencial fomentar una cultura laboral que priorice el bienestar físico y mental del trabajador. Programas de prevención, formación en higiene postural y abordajes multidisciplinares permiten detectar precozmente alteraciones y evitar su cronificación. Abordar el estrés y la postura de forma conjunta no solo mejora la salud musculoesquelética, sino que también incrementa el rendimiento, la concentración y la calidad de vida en el entorno laboral.

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